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domingo, 29 de julio de 2012

El peronismo de Cacharí recuperó un monumento histórico oculto desde 1955

El peronismo cachariense se dio cita en el club de pesca de la localidad y en un emotivo acto descubrieron el busto de Eva Perón que había permanecido oculto desde 1955.
Con la presencia de numerosos militantes locales, autoridades de Azul y Las Flores se dio inicio a los actos para la restitución final del monumento al pueblo de Cacharí.
Luego de un trabajo de recuperación de la verdad histórica, los militantes peronistas cacharienses Mauro Burraco y Javier Suarez relataron la historia del monumento que había estado en la delegación municipal de la localidad - entre 1950 y 1955 - y que luego del golpe de Estado fue "rescatado" y enterrado por la familia Pourtalé para que no fuera mansillado por los golpistas.
La aparición del busto de Eva Perón y su restauración a cargo de Avelino Monteavaro se enmarca en el proyecto de recuperación de la memoria histórica del movimiento peronista en Cachari.
En la oportunidad, también hicieron uso de la palabra el presidente del Consejo Deliberante de Azul Alejandro Lozano quien trajo el saludo del Intendente José Inza y la Diputada Gloria Bidegain, Sabino Ibarra referente del Movimiento Evita, Liliana Basile presidenta del Consejo Escolar, Mauro Burraco quien transmitió el saludo del Diputado Mario Caputo y el delegado municipal Daniel Mujica y Juan Calos Portalé quien fue custodio del monumento.
Mujica expresó "las figuras tan importantes como fueron Perón, Eva Perón, Nestor y Cristina, son estas personas tan grandes que son estos paraguas que nos contienen a todos".

viernes, 25 de julio de 2008

Cristina: "podra haber derrotas momentáneas, pero la historia la escriben los pueblos"


Son las vísperas de una fecha que los argentinos, fíjense lo que digo, no solamente los peronistas, tenemos en nuestro corazón.
Siempre recordar a Eva Perón es un desafío. Mi generación, la que se incorporó a la política en lo años duros en los que no había democracia, en los que no se podía elegir quien iba a ser su intendente, su gobernador, en los que no había libertad, en los que hasta se prohibía besarse en las plazas, aunque ustedes no lo crean, los muy jóvenes, hubo una época en la Argentina en la que hasta prohibían besarse en las plazas. En esa Argentina crecimos nosotros, muchos de los que hoy estamos aquí cumpliendo tal vez funciones que nunca hubiéramos soñado en aquella etapa. Éramos profundamente "evitistas", había discusiones también acerca de estas cuestiones. Porque Perón enseñaba, pero Evita conmovía, y sigue conmoviendo y conmocionando, es algo diferente. Es la sensación que uno siente cuándo la ve, frágil en apariencia, pero tal vez con la fortaleza que sólo dan quienes están absolutamente convencidos de cual es el camino, de cuales son los ideales, de cuales son los intereses que debemos representar.
Cuando desde aquel 25 de mayo del 2003, uno de los nuestros, uno de aquella generación, mi compañero de tantos años, llegó a la presidencia de la República, yo comencé a sentir la necesidad de imaginar en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras políticas, en cada uno de nuestros compromisos, en dónde hubiera estado ella. Y me la imaginaba junto a miles pidiendo memoria, verdad y justicia, junto a las Madres y a las Abuelas. Porque ellas sabía que sólo la justicia y la verdad traen la paz; me la imaginaba diciéndonos a todos que nuestro lugar era aquí, en América Latina, junto a los países vecinos, hermanos, comprometidos en un mismo camino de transformación; me la imaginaba junto a nosotros, cuando volvimos a poner a nuestros jubilados, a sus jubilados, otra vez en la dignificación del reconocimiento.


La imaginaba y la imagino junto nosotros, en cada lucha, en cada combate, en cada acción por la cual logramos que un argentino vuelva a tener trabajo, vuelva a tener educación, vuelva a tener salud, vuelva a tener seguridad, allí la imagino, junto a las grandes transformaciones, con los grandes compromisos.


Pero también la imagino pidiéndonos a todos la fuerza que los argentinos debemos poner, los argentinos, todos, en la reconstrucción de un país mas justo, más equitativo, más igual. Su breve vida marcó una forma de entender y hacer la política, el compromiso definitivo con los que menos tienen, con los que más necesitan.
Yo quiero en esta tarde de vísperas pedirles a todos los argentinos, a todos, sin distinciones, que me ayuden y nos ayudemos a construir un país mejor, con todos y para cada uno de nosotros que imaginamos una Argentina mejor. Quiero convocarlos a esa tarea, a que nos sintamos cada día más hermanos, a que cada día los argentinos entendamos que necesitamos tenderle la mano solidaria, ella lo hizo y nos dejó, por sobre todas las cosas, el ejemplo de la entrega y del sacrificio. Muy pocos en nuestra historia pueden exhibir ese grado de compromiso, de entrega y de lealtad para con un país, con una idea, con una convicción.
Yo la siento hoy más cerca y más viva que nunca en un mundo que necesita dosis cada vez más fuertes de entrega, de solidaridad para poder cambiar las cosas, no solamente aquí, sino en todas partes. Y siento, sinceramente, hoy, junto a todos ustedes, que estamos dando cumplimiento a eso que alguna vez, cuando abrazamos la política, nos comprometimos: a pensar más en el otro que en uno mismo.
Cuando nos incorporábamos allá, tal vez nosotros, en términos personales, no necesitábamos, estábamos bien, pertenecíamos a esas clases medias hijas del peronismo, tal vez, sin advertirlo, tal vez sin saberlo por la transformación que había hecho el peronismo en el país dando esa movilidad social ascendente, permitiendo que los hijos de los trabajadores fuéramos a la universidad y, tal vez, también, llegáramos a la Presidencia.
Éramos, sin darnos cuenta, hijos de la transformación, y en nombre de ese compromiso, de esa transformación, es que hoy tenemos la responsabilidad de que aquello que nosotros logramos lo puedan hacer también miles de pibes, miles de jóvenes que, tal vez, no tuvieron nuestra suerte de nacer en una Argentina en donde tener vivienda y trabajo era un derecho y lo tenían.
Quiero volver a reconstruir esa Argentina como lo estamos haciendo desde el 25 de mayo de 2003 y les pido a todos, a todos aquellos hombres y mujeres que creen que el compromiso con Dios, con la patria y con los semejantes, que lo hagan porque es algo que merece ejercitarse todos los días, no solamente por el que está al lado, sino, en principio, por uno mismo para sentirse mejor ser humano.


Quiero, en esta vísperas, recordarla con alegría, recordarla con fe, con esperanza, con trabajo, con compromiso de seguir adelante en cada una de nuestras luchas, en cada uno de nuestros proyectos, porque estamos absolutamente convencidos, como ella lo estaba, que los pueblos son invencibles.


Podrá haber batallas perdidas, podrá haber derrotas momentáneas, pero la historia, argentinos y argentinas, la escriben los pueblos, nunca duden de eso y tengan la certeza absoluta de que es la historia, junto a nuestro esfuerzo, nuestro compromiso y nuestra responsabilidad, desde el lugar en el que estemos, no hace falta tener un gran cargo para cumplir con la vida, con Dios, con la patria y con la conciencia.


No hace falta. Eso se cumple desde cualquier lado porque eso se lleva adentro, acá, es de bien nacidos y no se necesitan cargos y honores, solamente compromiso con la verdad, con la memoria, con la justicia y con la patria.


En estas vísperas, recordar a Evita es eso: memoria, verdad, justicia, inclusión social, trabajo, salud, educación para todos. Esa era la Argentina que ella quería y por esa Argentina todos los argentinos tenemos que construir y trabajar todos los días.
Gracias, muchas gracias a todos por el cariño, por el afecto y a seguir con la misma fuerza de siempre.

miércoles, 7 de mayo de 2008

1919 - 7 de Mayo - 2008

EVITA

Cuando elegí ser "Evita" sé que elegí el camino de mi pueblo.
Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así.
Nadie sino el pueblo me llama "Evita". Solamente aprendieron a llamarme así los "descamisados". Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme "Señora"; y algunos incluso me dicen públicamente "Excelentísima o Dignísima Señora" y aun, a veces, "Señora Presidenta".
Ellos no ven en mí más que a Eva Perón.
Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como "Evita".
Yo me les presenté así, por otra parte, el día que salí al encuentro de los humildes de mi tierra diciéndoles "que prefería ser Evita a ser la esposa del presidente si esa Evita servía pata mitigar algún dolor o enjuagar una lágrima".
Y, cosa rara, si los hombres de gobierno, los dirigentes, los políticos, los embajadores, los que me llaman "Señora" me llamasen "Evita" me resultaría tal vez tan raro y fuera de lugar como que un pibe, un obrero una persona humilde del pueblo me llamara "Señora".
Pero creo que aún más raro e ineficaz habría de parecerles a ellos mismos.
Ahora si me preguntasen qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo.
Cuando un pibe me nombra "Evita" me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra.
Cuando un obrero me llama "Evita" me siento con gusto "compañera" de todos los hombres que trabajan en mi país y aun en el mundo entero.
Cuando una mujer de mi Patria me dice "Evita" yo me imagino ser hermana de ella y de todas las mujeres de la humanidad.
Y así, sin casi darme cuenta, he clasificado, con tres ejemplos, las actividades principales de "Evita" en relación con los humildes, los trabajadores y la mujer.
La verdad es que, sin ningún esfuerzo artificial, sin que me cueste íntimamente nada, tal como si hubiese nacido para todo esto, me siento responsable de los humildes como si fuese la madre de todos; lucho codo a codo con los obreros como si fuese de ellos una compañera más de taller o de fábrica; frente a las mujeres que confían en mí me considero algo así como una hermana mayor, en cierta medida responsable del destino de todas ellas que han depositado en mí sus esperanzas.
Y conste que no asumo así un honor sino una responsabilidad.
Creo que cada uno de los hombres y mujeres que componen la humanidad debiera por lo menos sentirse un poco responsable de todos los demás ¡tal vez seríamos todos un poco más felices!
De los obreros atiendo sus problemas gremiales.
De los humildes recibo sus quejas y sus necesidades remediándolas en cuanto no correspondan al Estado, aunque a veces en este caso hago también de colaboradora oficiosa del gobierno. Al fin de cuentas siempre se trata de agua que va para el molino del "Líder" común.
De la mujer atiendo el problema en sus múltiples aspectos sociales, culturales y políticos. Si alguien me preguntase cuál es mi actividad preferida no sabría responder exactamente y de forma decidida y definitiva.
Si me hicieran mi pregunta estando en mi actividad gremial mi voto sería por ella. Si estuviese atendiendo a mis "descamisados" o a las mujeres tal vez votaría por la actividad que estuviese desempeñando en ese preciso momento. Y no lo haría ni por "diplomacia" ni por "política", ¡no! Sino porque cuando trabajo, lo que estoy haciendo me parece lo mejor, lo más adecuado a mis gustos, a mi vocación y a mis inclinaciones.
Reconozco, eso sí, que en el fondo lo que me gusta es estar con el pueblo, mezclada en sus formas más puras: los obreros, los humildes, la mujer.
Con ellos no necesito adoptar ninguna pose de las que me veo obligada a tomar a veces, cuando hago de "Eva Perón". Hablo y siento como ellos, con sencillez y con franqueza llana y a veces dura, pero siempre leal.
Nunca dejamos de entendernos. En cambio, a veces, "Eva Perón" no suele entenderse con la gente que asiste a las funciones que debe representar.
No vaya a creerse por esto que digo que la tarea de Evita me resulta fácil. Más bien me resulta en cambio siempre difícil y nunca me he sentido del todo contenta con esa actuación. En cambio el papel de Eva Perón me parece fácil. Y no es extraño. ¿Acaso no resulta siempre más fácil representar un papel en el teatro que vivirlo en la realidad? Y en mi caso lo cierto es que como "Eva Perón" represento un viejo papel que otras mujeres en todos los tiempos han vivido ya; pero como Evita vivo una realidad que tal vez ninguna mujer haya vivido en la historia de la humanidad.
He dicho que no me guía ninguna ambición personal. Y quizás no sea del todo cierto. Sí. Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que el nombre de Evita figurase alguna vez en la historia de mi Patria.
Quisiera que de ella se diga, aunque no fuese más que en una pequeña nota, al pie del capítulo maravilloso que la historia ciertamente dedicará a Perón, algo que fuese más o menos esto:
"Hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertía en realidades".
Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera:
"De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita".
Fragmento de "La razón de mi vida".