24 de Febrero de 1946, la fórmula del Partido Laborista "Perón - Quijano" se presentó en la elección enfrentando a la "Unión Democrática".jueves, 24 de febrero de 2011
...Si el patrón ofrece llevarlos a votar...vaya y después hagan su voluntad!
24 de Febrero de 1946, la fórmula del Partido Laborista "Perón - Quijano" se presentó en la elección enfrentando a la "Unión Democrática".sábado, 23 de octubre de 2010
Primera trasmisión radial via Skype en Cacharí

(Luis Ferrando durante la trasmisión de hoy)
martes, 24 de agosto de 2010
Hoy fue un dia histórico
Ahora todo quedará en manos de la justicia y el Congreso.


martes, 23 de febrero de 2010
1946 - 24 Febrero - 2010

jueves, 4 de junio de 2009
viernes, 17 de octubre de 2008
El destino del Pequeño Héroe Peronista
Miguel Angel Fida cursaba cuarto grado cuando el general Perón lo alzó frente a la multitud reunida en la Plaza de Mayo para los festejos del Día de la Lealtad.
Ese 17 de octubre de 1953, en un instante más breve que un segundo, Miguelito se sintió suspendido como un ángel, ovacionado como un artista, condecorado como un mariscal.

(Miguel Angel Fida es saludado por una Plaza de Mayo repleta)
La muerte merodeó el capítulo inicial. Una nena de cinco años se había soltado de la pollera de su mamá en medio de las vías del ferrocarril San Martín, al cruzar el paso a nivel de la calle Campana. La locomotora la iba a atropellar, pero Miguelito la sacó del camino y la salvó. La madre de la nena no sabía cómo agradecerle. Le dio un abrazo y le llenó los cachetes de carmín.
La confirmación sacudió al barrio. Un “héroe peronista” tomaba la leche en Villa Devoto.
–¿De dónde saco un trajecito?
Ahh, ya sé, lo mando con el guardapolvo, al General le va a gustar.
Lo planchó apenas unas 150 veces. Angel, el papá, lustró los zapatos. Y el peluquero le hizo un corte al ras, sin sospechar que tallaba para la posteridad.
El diploma de Miguelito decía: “Medalla Peronista a la Abnegación, como reconocimiento a sus virtudes para ejemplo y estímulo de los compañeros”.
El chico avanzó por el palco hacia donde estaba el General. Se iniciaba la secuencia que, cincuenta años después, iba a despertar una nueva búsqueda.
Miguelito apenas respiraba. Se dieron un beso y un abrazo. Dos potencias se saludan:
–Gracias, General.
–No, muchacho, gracias a vos, me hacés muy feliz. ¡Te felicito!. Seguí portándote así toda la vida.
Somoza, que sostenía el estuche con la recompensa, quiso elogiar la fuerza de su anfitrión:
–Y eso que el chico está rellenito. ¡Qué bien se come en la Argentina!
Cuando el nene aterrizó de las nubes, se activó otro reloj.
Ni le habían enseñado geometría y ya se topaba con los paredones obtusos de la historia argentina.
Su anécdota sagrada, diría Alejandro Dolina, fue rociada con el Licor del Olvido.
La familia empezó a borrar toda huella. Un amigo radical ofreció ayuda. Y a su casa fue a parar el diploma, la medalla, los libros peronistas y el pase que decía: “El portador, señor alumno Miguel Angel Fida, tiene libre acceso a la Casa de Gobierno al acto a realizarse en el día de la fecha”.
Un decreto militar prohibió nombrar a Perón. Miguelito, a los 12 años, recibía la condena a vivir otra vida. Alguien lo reconoció en la escuela donde hacía la secundaria. Él lo desmintió. Tres veces negó a Perón.
Abandonó en tercer año y la promesa que había hecho en 1953, de llegar a ingeniero mecánico, se esfumó. Sólo fue mecánico. Nunca pudo usar la beca que le había prometido el peronismo para estudiar en Estados Unidos y especializarse en motores diesel. No volvió a hablar de la medalla escondida.
Cuando el periodista salió a su búsqueda, él seguía prefiriendo el silencio.
Alguien, sin embargo, guardaba un frasco del Vino del Recuerdo, ese que diluye los efectos del Licor del Olvido.
Si los procedimientos de la suerte necesitaran una descripción, aquí viene una. En el archivo de un diario apareció la foto de frente de un chico con guardapolvo, tomada el 17 de octubre de 1953.
- ¿Usted estuvo en brazos de Perón?.
- ¿Una foto?
La medalla está en un banco, “por la inseguridad”. La mamá, de 84 años, sigue orgullosa: “logró
que pisara el balcón de Eva”.
Y Miguel, “peronista de Perón”, acepta que ya es tiempo de recordar. Por primera vez, mandó a enmarcar aquel instante sagrado
lunes, 5 de noviembre de 2007
EL CAPITÁN DON RUFINO SOLANO: EL DIPLOMATICO DE LAS PAMPAS
El Capitán Solano junto al Cacique Manuel Namuncurá y tres Capitanejos
Este militar, con verdadero arte y aplomo, también se vinculaba y relacionaba con todos los Caciques, Caciquejos y Capitanejos de las pampas, adentrándose hasta sus propias tolderías para contactarlos. Mediante estas acciones, logró liberar cientos de personas, entre cautivas, niños, canje de prisioneros e incluso funcionarios, como es el caso de Don Exequiel Martínez, Juez de Paz de Tapalqué, en una época donde arreciaban los terribles malones tanto a los poblados, como en la zona rural.
Del mismo modo, mediante esta labor mediadora y pacificadora, logró evitar incontables enfrentamientos y ataques a las poblaciones. Es por ello, que prestigiosos y académicos historiadores, concluyen sin vacilar que “durante casi veinte años el Capitán Solano logró mantener la paz en sus confines (sic)” R. Entraigas, Op. Citada. Galardonan su legajo militar dos glosas manuscritas por el Coronel Álvaro Barros, fundador de Olavarría, donde lo colma de merecidos elogios.
Por este don que poseía, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina, ante una gran multitud reunida en el Azul en el mes de diciembre del año 1875, le manifestó: “Capitán Rufino solano, usted en su oficio es tan útil al país como el mejor guerrero”. Es que, mediante tratados de paz, logró evitar los ataques a la región durante la guerra con Paraguay, donde existía mucha debilidad en la frontera.
Si bien era poseedor de una gran valentía, lo que más lo identificaba era su técnica de persuasión, no solo porque dominaba el idioma araucano a la perfección, sino porque además sabía como plantarse ante los bravos caciques y demostrar su firmeza, sinceridad y honestidad en su trato; esta innata virtud le permitió gozar del máximo prestigio y confianza de ambos bandos.
Mediante su atinado manejo de las situaciones críticas, logró evitar mayores derramamientos de sangre y por este aspecto, con toda justicia, se lo conoció como “El diplomático de las pampas”. Su actividad se vio interrumpida cuando el General Julio A. Roca decidiera llevar a cabo la “conquista del Desierto”, en 1880, contienda en que la que Rufino Solano no participó. Pero si actuó valientemente como soldado cuando debió defender a los suyos, como veremos más adelante.
En cumplimiento de su tarea, se lo vio acompañando a cuanta delegación de indios se acercó a Buenos Aires a parlamentar con las autoridades nacionales, sean políticas, militares como eclesiásticas. Cuando venía con estas embajadas, se alojaba en el Hotel Hispano Argentino u otro de Buenos Aires, en ocasiones en los Cuarteles del Retiro, e iba con ellos a las distintas entrevistas y audiencias, finalizadas ellas, los acompañaba de regreso, cabalgando con ellos, rumbo a la frontera.
El diplomático de las pampas
Durante sus servicios, efectuó travesías de miles de kilómetros a caballo, siempre acompañado por un puñado de soldados e incluso en muchas ocasiones se aventuraba en soledad; solía pasar varias jornadas en las tolderías, donde era admitido y aceptado merced al enorme respeto y consideración que se le tenía, cada acercamiento le permitió retirarse llevándose cautivas y prisioneros de los indios.
Este “hombre de dos mundos” sabía hablar el idioma de los indígenas a la perfección, especialmente el araucano, la lengua de Calfucurá, Namuncurá, Pinsén, etc. y manejaba los términos adecuados para manifestarse ante sus líderes; pero, también poseía esta valiosa virtud, para tratar con sus mandos, en español, tanto militares como del Gobierno Nacional, para arribar a acuerdos ecuánimes y que finalmente se cumplieran. Esta honestidad en su comportamiento, le permitía a Solano ser bien recibido en las tolderías para lograr salvar nuevas vidas.
En cierta ocasión, durante sus recorridas por la frontera, sorpresivamente se encontraron copados por una gran cantidad de indios, en la oportunidad Solano iba con un pequeño grupo de soldados. Estos soldados con armas en mano, se prepararon para una rápida retirada, pero el Capitán les ordenó que se quedaran quietos, comprendió que actuando de esta manera lo único que iban a lograr sería que los “chucearan” por la espalda. En vista de ello, les pidió que lo esperaran, que iría a parlamentar para tratar de salvar sus vidas, y de inmediato se dirigió solo hacia un individuo que, por su postura y aspecto, parecía era el líder de la indiada. Tras este parlamento, donde solo Díos sabe lo que le dijo, todos se adentraron hasta la toldería, y luego de un par de días regresaron con un grupo de cautivas, e incluso fueron escoltados por los propios indios y este caciquejo hasta las cercanías del fuerte. Lo narrado se encuentra plasmado en manuscritos de la época, obrantes en el Archivo Histórico del ejército Argentino. Tal era el prestigio que gozaba este ilustre azuleño.
No fue esta la única oportunidad en la existencia del Capitán Solano en la cual estuvo a cinco centímetros de punta de una lanza, pero lo dejaré para otra oportunidad, porque debo continuar con mi relato.
Rufino Solano actuó en los Fuertes Estomba, Blanca Grande y del Arroyo Azul, entre tantos otros, y por su desempeño militar se lo considera uno de los forjadores de las fundaciones de las ciudades de Olavarría, San Carlos de Bolívar, entre otros lugares donde le toco servir.



