martes, 25 de marzo de 2008

REBELION EN LA GRANJA

Los piqueteros de la última mitad del siglo XX, toman su nombre de la modalidad de lucha que adoptaron para hacer oír sus reclamos, los piquetes: retenes de personas y cubiertas en las rutas para impedir el transito.
Hace más de una década comenzaron a popularizarse estas formas de lucha que las victimas del salvaje liberalismo económico excluidos y desocupados propusieron como forma de resistencia para hacer visibles sus demandas. Promediaba los ´90, cuando tras décadas de políticas neoliberales se terminaba de destruir el aparato productivo, incluida la producción agropecuaria, y con él, los últimos vestigios del Estado de Bienestar que esta Nación exhibió orgullosa a mediados del siglo XX.
Los piquetes originarios de Cutral Có y Plaza Huincul, se propagaron a las norteñas localidades de Tartagal y General Mosconi, los damnificados protestaban desde el mismo lugar en que el sistema los depositó, la calle y desde allí al populoso Conurbano Bonaerense. A medida que la exclusión crecía, la protesta se intensificaba y expandía a lo largo y a lo ancho de nuestro territorio. Años más tarde aparecería otra fase de los piquetes, con gente que reclamaba y aun reclama, por los derechos de tercera generación, como la protección del medio ambiente, el más conocido, el caso de Gualeguaychú.

Como se señaló, la actividad agropecuaria acompasó la decadencia productiva, perdió rentabilidad y millares de productores fueron al quebranto económico, las hipotecas de sus campos se transformaron en una amenaza cierta de remates y enajenación.
Muchas mujeres se organizaron para fortalecerse en la debilidad que provoca el sentirse avasalladas por el poder financiero y la inminencia de la probable pérdida de las propiedades que atesoraban. Con la valentía propia de su género, protagonizaron jornadas que conmovieron a todos los argentinos.
En 1999 el gobierno de la Alianza llegó con promesas de cambios y de transparencia. Desgraciadamente para el país, todos los males enumerados se multiplicaron hasta la desmesura. La parálisis productiva se convirtió en la más grave crisis institucional de nuestro sistema democrático. El humo de las cubiertas incendiadas ensombrecía el cielo de nuestra patria. La orfandad que provoca la desocupación, indujo a la angustia colectiva y a la desolación. Los piquetes que por entonces se habían urbanizado, se enseñoreaban en nuestras calles, el país estaba al borde de la anarquía y la desintegración.

La acertada salida de la Convertibilidad en el 2002, sinceró las variables económicas y permitió el crecimiento de los sectores productivos.
Hoy, la producción primaria -agropecuaria, minera, etc- la industrial y la de servicios, transitan el sexto año de crecimiento sostenido, el más amplio de toda nuestra historia. En apenas un puñado de años, con el esfuerzo de todos los argentinos comenzó a revertirse el proceso de empobrecimiento rural, industrial y comercial.
Las retenciones permitieron un superávit fiscal que garantizaron -y garantizan- un cambio competitivo, y gestaron la posibilidad de incrementar la inversión social para la contención de los sectores marginados.

En la Argentina de nuestros días, el campo, la industria y todos los sectores productivos crecen porque el Gobierno generó las condiciones para que la mancomunión de esfuerzos permitiera el desarrollo del círculo virtuoso de la economía.

Pero…….sin embargo los piquetes volvieron a las rutas.
Hoy las cubiertas no están desparramadas por la cinta asfáltica, merced a las políticas implementadas se utilizan para lo que fueron fabricadas, rodar maquinarias con los últimos adelantos tecnológicos y confortables camionetas.
Vaya que ha cambiado la cuestión económica en nuestro país, para que ya no sean los desocupados y desarrapados los que cortan nuestras rutas.
No obstante hay que abogar para que los exorbitantes precios de algunos comodities no nos impidan tener una visión estratégica de la producción nacional. La agriculturización a través del monocultivo sojero va en desmedro de otras producciones agrícolas y ganaderas, provocando la desolación y dejando como resultado un campo sin gente y el peligro de la degradación del suelo.
Todos los argentinos deberíamos tener la sana costumbre de analizar serena y reflexivamente todas y cada una de las demandas sectoriales. Es mas, es casi un imperativo ético empatizar (ponerse en lugar del otro) con quien reclama o peticiona. En mayor medida, todos deberíamos velar por los intereses del conjunto, procurando armonía, evitando discursos altisonantes y posiciones inflexibles que excedan el marco de la protesta para convertirse en una provocación que reedita viejas antinomias ya superadas por el conjunto de la ciudadanía y transforma el reclamo en extorsión con tufillo desestabilizador. La voracidad sectorial no es buena consejera para la solidaridad que necesita un país aún con muchas desigualdades.

Es tan grave la situación del sector agropecuario para desatar el "lock out" mas prolongado en más de tres décadas?. La apreciación del principal capital rural (la tierra) parecería indicar lo contrario. Un principio básico de la economía indica que un bien de capital sólo tiende a valorizarse cuando rinde utilidades y lo hace en forma directamente proporcional a la rentabilidad que arroja.

Un párrafo aparte para la desmembrada y pobre oposición política, que no duda en colgarse de cualquier reclamo sectorial para enfrentar a un gobierno que la arrasó en las urnas y que mantiene un abrumador consenso social. Ahora van a los piquetes, pero, donde estaban cuando la Alianza les bajo el sueldo a los jubilados y a los asalariados ?!!!! Sostener que de lo recaudado en concepto de retenciones nada retorna, es una muestra de ignorancia o hipocresía, miles de azuleños incluidos en programas de emergencia previsional, y centenares de familias que accedieron a una vivienda digna - entre otros - pueden dar cuenta de ello.
Argentinos, pongámonos a la altura de las circunstancias porque “a este país lo salvamos entre todos o no lo salva nadie”, que prime la racionalidad para que esta crisis sectorial no termine como la célebre novela de George Orwell que titula esta columna.
Alejandro R. Lozano
(Movimiento Nacional y Popular)

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